20 abril, 2007

PENA Y ALEGRÍA DEL AMOR - Rafael de León

"Mira cómo se me pone
la piel, cuando te recuerdo...
Por la garganta me sube
un río de sangre fresco,

de la herida que atraviesa,

de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos,
y cuchillos en los dedos,

y en mi sien, una corona

hecha de alfileres negros.
Mira cómo se me pone
la piel cada vez que me acuerdo
que soy un hombre casado
¡y sin embargo, te quiero!
Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio;

de ortigas y de chumberas,

de cal de arenas y de viento,

de madreselvas oscuras

y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo,

que anda rondando la llave

que guarda nuestro secreto.
Y yo bien sé que me quieres,
y tú sabes que te quiero,

y lo sabemos los dos,

y nadie puede saberlo...
¡Ay, pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!

¡Ay, qué alegría, alegría

quererte como te quiero!
Cuando por la noche a solas,
me quedo con tu recuerdo,

derribaría la pared

que separa nuestro sueño.
Rompería con mis manos
de tu cancela los hierros

con tal de verme a tu vera,

tormento de mis tormentos,

y te estaría besando

hasta quitarte el aliento.

Y luego... ¡qué se me da

quedarme en tus brazos, muerto!...
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,

muerte, pena, sangre, vida,

luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego,

con una espada de punta

siempre pendiente del techo.
Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,

por acariciar a solas

la tela de aquel pañuelo

que se te cayó un domingo

cuando venías del pueblo,

y que no te he dicho nunca,

mi vida, que yo lo tengo;

y lo estrujo entre mis manos

lo mismo que un limón nuevo,

y miro tus iniciales,

y las repito en silencio
para que ni el campo sepa

lo que yo te estoy queriendo...
Ayer, en la Plaza Nueva,
- vida, no vuelvas a hacerlo-

te vi besar a mi niño,

a mi niño, el más pequeño,

y cómo lo besarías,

¡ay, Virgen de los Remedios!

que fue la primera vez

que a mí me distes un beso.
Llegué corriendo a mi casa
alcé mi niño del suelo

y, sin que nadie me viera,

como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola

mordió mi boca tu beso,

¡Ay, qué alegría y qué pena

quererte como te quiero!
Mira: pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,

aunque tu nombre y el mío

lo pisoteen por el suelo,

y aunque la tierra se abra,

aun cuando lo sepa el pueblo

y pongan nuestra bandera

de amor a los cuatro vientos,
¡sígueme queriendo así
tormento de mis tormentos!
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!"


Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

1 comentario:

Anónimo dijo...

lo unico que puedo decir:

gracias