31 julio, 2007

TIEMPO INCOMPLETO - Jesús Alejandro Godoy

Miro de reojo mi cuerpo cansado y digo: "Sí, es verdad que mi alma se teje con jirones de esos que da la vida, sin atenuantes, sin concesiones, sin distracciones sin miramientos. Fue ahí que deduje que nada se parecía a la soledad del tiempo cuando se vive cada día, al amor de los destinos cuando se miran desde lejos sin sufrirlos como propios, al sentir de los finales si no comprendo que todos los fines se guardan en un solo principio que algunas veces pierdo de lugar cuando me dejo llevar por lo que no es real"
"Cuando camino bajo mi sombra siento que toco un poco de inmortalidad que jamás será mía en carne y, sin embargo, es mía para siempre si juego a ser Dios cuando me comparo con aquellos que dejan su tiempo incompleto a la vera del camino que yo recorro. Y aunque quiera mirar atrás no puedo hacerlo, porque mirar atrás es volverse un fantasma en vida, un ser perdido en las calles atestadas de personas que sólo van corriendo a buscar un trozo de cielo"
"Me incorporo y rezo hasta el desmayo cuando mi corazón se tienta a amar a aquellos lugares vacíos que dejan las personas que nunca serán mías. Y sufro los lugares extrañando lo que nunca sucederá, y sufro las memorias de lo que nunca pasará. Me reintegro en mi mente y descubro que todo mi tiempo perdido se lo han llevado aquellas personas con las que jamás compartiré destinos, y se llevan mi tiempo como un pañuelo sucio en el bolsillo trasero y lo dejan caer sin lástimas y sin piedad"
"Sigo solo y no tengo referentes para ocultar las similitudes de mis días, y a cada instante que viajo en mi vida, me sigo a mí mismo perdido entre todas las situaciones que no puedo cambiar; y adoré a los matadores de mis sentimientos, porque me enseñaron a llorar sin la necesidad de morir. Y beneficié a los quebrantadores de mis ansias porque me enseñaron a pedir lo sencillo para ser feliz y completo"
"Mírame no tengo nada, porque sólo soy un momento entre la vida y aquella otra verdadera vida a la que un día partiré... Mírame que no tengo nada alrededor, y sin embargo, todo el amor es mío, todas las esperanzas son mías, todas las ansias, las simplicidades, las derrotas, las soledades y las muertes de cada día..."
Y antes de salir a luchar una vez más, mientras me sacudo el polvo de última caída; digo: "Sin embargo, seguiré amando, seguiré perdiendo, seguiré muriendo y seguiré naciendo, porque así es el juego, así es la eternidad de mi equilibrio, así es el caos de mis condiciones, así... así es mi alma"
Y doy un paso…

Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

28 julio, 2007

LA MISMA SIEMPRE - Salvador Pliego

Se me hizo raro sentir la misma boca,
los mismos nardos,
la misma nota de un violín que no se cansa,
la misma lluvia en el mismo rostro,
y decir de nuevo
que sigo amando
la misma boca,
la misma nota,
el mismo rostro que no se agota.

Tantos diluvios que han pasado
y sólo tu rostro
persiste y dura
tocando la misma nota,
la misma cuerda,
la misma boca.

Y solo tú,
y nadie más,
tiene un recuerdo
en esta boca,
que sabe a beso,
como tu boca,
como las cuerdas
que me trastocan.

Y digo que amo lo que refleja,
lo que es intacto,
lo que preserva sabor a nuevo
y se renueva
lo que incitando se crece a diario
y nunca muere como tu boca.

Siempre la misma.
La misma siempre.
Me sabe a todo.
Me excita todo.
Sólo tu boca como tu boca.
Siempre tu boca. Tu eterna boca.

Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

14 julio, 2007

EL POETA A SU AMADA - César Vallejo

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.


Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

11 julio, 2007

AUSENCIA



Mis ojos se cierran…
Mi sien en la almohada…
Entonces yo veo sus límpidas caras.
Caritas de niños…Sí…
De angelitos bellos,
Son de mis hijitos
De mis dos pequeños
Que acuden a mi otra vez en mis sueños.

Nos vemos felices,
Les canto y les juego,
Y yo les enseño a ser sanos y buenos.
Constanza me mira
Y yo le sonrío…
Me dice ¡Papito! Y la lleno de besos.
Mientras mi Renzo
Se acerca muy quedo,
Sus rizos dorados son seda en mis dedos,
Me dice muy triste:
¡Papito te quiero!...¡Los dos te queremos!
¿Por qué estás tan lejos?

Entonces despierto,
Los busco…los busco y encuentro
Que todo a mi lado se encuentra desierto.
No escucho sus risas…
No veo sus juegos…
Tan sólo se siente un profundo silencio,
Silencio que mata…
Silencio que mata…
Y que llena el alma de tristes recuerdos.

Maldigo al destino
injusto y artero
Que me dejo sólo sin yo merecerlo;
Quisiera de nuevo a mi lado tenerlos,
Y así abrigarlos
Conmigo en mi pecho
Gozando de un sueño tranquilo y sereno,
Soñando un mañana
De luz y misterios.

Más se que algún día
Volveré a tenerlos,
Y sabrán que tienen un papito bueno;
Que todas las noches
Soñaba con ellos…reía con ellos…jugaba con ellos…
Y que al despertarse lloraba al no verlos;
Que los arrullaba
Y dormía en su pecho
En un dulce sueño
De amor y consuelo

Les diré que el hombre
Siempre será eterno,
Y más cuando se afana por llegar a serlo…
Que en este mundo
Hay rosas y cieno;
Que el odio es enfermo,
Que hay que valorar lo propio y lo ajeno,
Y perdonar…sí…
Aunque duela hacerlo.

Conocerán cosas
Que nunca conocieron;
Les enseñaré todo…lo bello y lo feo,
Para que no crean que la vida es juego;
Confiaran en mi
Como en un compañero,
Viviré para ellos un futuro nuevo,
Y sabrán por eso
Que su papá es bueno…
Se darán cuenta
¡Lo mucho que los quiero!

Autoría y Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

Obra registrada en:
Safe Creative #0710110116392

04 julio, 2007

MAS ALLÁ DE LA MUERTE - Federico Barreto




Es invierno, y una noche negra, fría y tempestuosa.
En la lúgubre capilla de un asilo monacal,
yace el cuerpo inanimado de una joven religiosa
que, agobiada por la pena se murió como una rosa
arrancada de su tallo por el fiero vendaval.

Blanco traje que realza su magnífica belleza,
simboliza su inocencia, su bondad y su candor;
rosas blancas en capullo le circundaban la cabeza,
y parece aquella virgen que murióse de tristeza,
una novia desmayada en su tálamo de amor...

El silencio que allí reina es tan sólo interrumpido
por el viento que sacude las vidrieras al pasar,
por el viento, y otras veces por el tétrico graznido
de los búhos que allí moran, que han formado allí su nido
y que atisban lo que pasa, por las grietas de un altar.

Cuatro cirios iluminan con fulgores inseguros
el cadáver de aquel ángel de belleza y de virtud,
y las sombras que proyectan esos cirios en los muros
van y vienen en silencio por los ámbitos obscuros
como un coro de fantasmas circundando el ataúd.

Mil rumores misteriosos, mil incógnitos sonidos,
llegan vagos y confusos a la casa del Señor...
Es un lúgubre concierto de sollozos y gemidos,
de susurros y plegarias...de mil ecos doloridos
que acongojan y estremecen, que dan pena y dan horror...

Dan las doce lentamente sobre el viejo campanario,
Y al vibrar en la capilla la hora tétrica y fatal,
sale un monje de albo traje por la puerta del sagrario,
atraviesa a pasos lentos el recinto solitario
y se postra de rodillas ante el lecho funeral.

Se diría que le agobia todo un mundo de tristeza,
que le mata el desconsuelo, que se muere de aflicción...
¿Por qué crispa sus dos manos?...¿Por qué inclina la cabeza?...
¿por qué tiembla? ¿por qué gime? ¿por qué llora? ¿por qué reza?...
¡Hay misterios que estremecen hasta el fondo el corazón!...

De repente se alza el monje del helado y duro suelo,
a la muerta se aproxima y la llama a media voz:
y al ver que ella sigue muda, sigue fría como el hielo,
la acaricia con ternura, la mirada eleva al cielo
y murmura entre los dientes: ¡Que injusto eres, Santo Dios!

Luego clava sus pupilas en la pálida doncella,
la contempla largo tiempo con recóndita piedad
y cogiendo entre sus manos una mano de las de ella,
la aproxima hasta sus labios, con un ósculo la sella,
y habla y gime y llora a gritos como un niño en la orfandad.

"¡Dora, clama, Dora mía!" Te estoy viendo muda y yerta,
y no creo que la muerte haya osado herirte a ti...
¡Muerta tú...! ¿Será posible? ¡No, mil veces...! No estás muerta.
Duermes...Sueñas...Estás viva...¡Por piedad, mi amor, despierta.
No te mueras...No me dejes...¡Vive, y vive para mí!

"Yo era huérfano, yo estaba triste y solo en este suelo:
más Dios quiso que te hallara y no tuve penas ya.
¿Lo oyes Dora? ¡Dios lo quiso! Piedad tuvo de mi duelo
y para ángel de mi guarda te envió un día desde el cielo,
tú no puedes, pues, morirte...¡Dios no quita lo que da!

"Así, envuelta en blancos tules, coronada así de flores
te ofrecí llevarte al templo y jurarte esclavitud...
¡Sueño efímero! Tus padres, por matar nuestros amores,
te encerraron en este antro de recónditos dolores,
y hoy que vengo aquí a buscarte, te hallo aquí en un ataúd.

¡Pobre novia de mis sueños! ¡Pobre tórtola sin nido!
¡Virgen mártir que viviste con el alma rota en dos!
¿Por qué callas si te llamo?¿Por qué no oyes mi gemido?
¿Te cansaste de esperarme y a los cielos has partido?
¡Vuelve, vuelve...te lo ruego...yo te quiero más que Dios!"

Calla el monje, más de pronto, como un loco que se excita,
coge en brazos a aquel ángel que en la vida tanto amó,
y besándole en la boca: "Vuelve en ti, por Dios, le grita,
toma mi alma en este beso. ¡Resucita! ¡Resucita!
Toma mi alma, toma mi alma...¿Vive tú aunque muera yo!"

Un prodigio se ve entonces: ella agita sus despojos
como herida de repente por el dardo del dolor:
en sus pálidas mejillas aparecen tintes rojos:
quiere hablar; mueve los labios; ya despierta; abre los ojos;
todo alienta... hasta la muerte...a los besos del amor...!

Un aurora clara y bella a la noche ha sucedido:
en el templo que el sol baña y comienza a iluminar,
yace el monje de albo traje, junto al féretro tendido,
y los búhos que allí moran, que han formado allí su nido,
le contemplan con asombro por las grietas del un altar.

Está muerto y se diría que perdura su hondo duelo,
que repite entre los dientes: "¡Qué injusto eres Santo Dios!"
Está muerto. Le mataron el dolor y el desconsuelo.
No halló aquí a su prometida y a buscarla se fue al cielo.
¡Ya están juntos! Una tumba es la tumba de los dos.

Voz: Luis Lema Osores
®L3mOs