23 mayo, 2007

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO - José Angel Buesa



Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte, y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nacar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos, y jamás lo sabrás.

Quizá pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca, y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos, y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
el tormento infinito que te debo ocultar,
te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento."
Me enjugaré la lágrima... y jamás lo sabrás!



Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

22 mayo, 2007

SE DEJA DE QUERER - José Angel Buesa


Se deja de querer, y no se sabe
por qué se deja de querer.

Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.
Se deja de querer, y es como un río
cuya corriente fresca ya no calma la sed;
como andar en otoño sobre las hojas secas
y pisar la hoja verde que no debió caer.
Se deja de querer, y es como el ciego
que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;
o como quien despierta recordando un camino,
pero ya sólo sabe que regresó por él.
Se deja de querer como quien deja
de andar por una calle, sin razón, sin saber;
y es hallar un diamante brillando en el rocío,
y que, al recogerlo, se evapore también.
Se deja de querer, y es como un viaje
destinado a la sombra, sin seguir ni volver;
y es cortar una rosa para adornar la mesa,
y que el viento deshoje la flor en el mantel.
Se deja de querer, y es como un niño
que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.
Se deja de querer, y es como un libro
que, aún abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
y es como la sortija que se quitó del dedo,
y sólo así supimos que se marcó en la piel.
Se deja de querer y no se sabe
por qué se deja de querer...

Voz: Luis Lema Osores
®L3mOs

16 mayo, 2007

AMANECERES - Jesús Alejandro Godoy

Obra registrada por el Autor

Calla mi historia cuando estoy a tu lado, porque sin ti es vana toda intención de querer contemplar mis días con la imagen borrosa de tus labios, que se disuelven en mis sueños.
Callan mis placeres cuando te percibo; más aún, cuando entiendo que contigo no existen placeres, sino tan sólo el regocijo que regala el verdadero amor que atonta a todo paladar lascivo y enceguece a toda mirada que atiende lo externo.
Lentas van mis huellas a tu búsqueda, porque de tanto en tanto padezco las esperanzas de que un día serás mía, y cuando comprendo que vivo de sueños, me detengo a borrar mis caminos hacia ti para inventarme algunas nuevas opciones.
Sueño un día en el que podré revelarme a mis huesos, y podré entregarte mi piel para que veas mi interior. Sueño una noche en que me veas a la distancia con tus ojos empañados de mí, y tus ansias esperando por mi presencia.
Hablamos con mi letargo un poco de ti y de lo que jamás tendremos de tu historia. Y sigo viviendo aunque muriendo a momentos; y mientras tanto, voy buscando un sentido a los azotes invisibles que me doblegan a lo que deseo y no puedo obtener de tu mirada.
Sufro algunos lugares que has andado, mientras mis fantasías me hablan del silencio mágico que predica la esperanza.
Me divierte encontrarme imágenes lejanas que atesoran aquellos instantes que, aún recordándolos me traicionan, pero que ocupan un tímido lugar en mis horas actuales que no me dejan que me vea tan insensato, como para querer acariciarte en el aire de lo que fue.
Dime una vez más que son los sentimientos que incautos delante de mí y aún heridos de rabia y abandono, me van llamando para que algún día decidas aceptarlos ya viejos y seniles.
Dime una vez más, si dentro de este cuerpo que ya no es mío, no verás algo de lo que tengas piedad.
Pero culpable soy de llevarte a mi cielo y dibujarte en mis estrellas como si fueras la guía de mis amaneceres.
Presiento que acaso una madrugada te detengas a pensar en mí, y desees sobornar a mi alma para que te regale algunas palabras que tal vez nunca oirás de mis labios.
Flagelo es tenerte a mi lado actuando mil historias contigo que nunca serán, mientras mi alma trata de decirte que mi corazón se entrega a tus pies, como aquel que sabe de honor y no ostenta de ser cauto aunque la muerte siga sus pasos.
Silencio es entonces lo que tengo; más, no hablaré de lo que soy en mis días de vida, sino de aquello que soy cuando tu amor no me deja morir.
Eres mi aflicción más sublime; y yo, el recuerdo viejo que a veces limpias cuando estás sola.
Y sé… que culpable soy de llevarte a mi cielo.


Voz: Luis Lema Osores
®L3mØs

01 mayo, 2007

ASÍ TE QUIERO - Rafael de León

El día trece de julio
yo me tropecé contigo.
Las campanas de mi frente,
amargas de bronce antiguo,
dieron al viento tu nombre
en repique de delirio.
Mi corazón de madera
muerto de flor y de nidos,
floreció en un verde nuevo
de naranjos y de gritos,
y por mi sangre corrió
un toro de escalofrío,
que me dejó traspasado
en la plaza del suspiro.
¡Ay trece, trece de julio,
cuando me encontré contigo!
¡Ay, tus ojos de manzana
y tus labios de cuchillo
y las nueve, nueve letras
de tu nombre sobre el mío
que borraron diferencias
de linaje y apellido!
¡Bendita sea la madre,
la madre que te ha parido,
porque sólo te parió
para darme a mí un jacinto,
y se quedó sin jardines
porque yo tuviera el mío!
¿Quieres que me abra las venas
para ver si doy contigo?
¡Pídemelo y al momento
seré un clavel amarillo!
¿Quieres que vaya descalzo
llamando por los postigos?
¡Dímelo y no habrá aldabón
que no responda a mi brío!
¿Quieres que cuente la arena
de los arroyos más finos?
Haré lo que se te antoje,
lo que mande tu capricho,
que es mi corazón cometa
y está en tu mano el ovillo;
que es mi sinrazón campana
y tu voluntad sonido.
Nunca quise a nadie así;
voy borracho de cariño,
desnudo de conveniencias
y abroquelado de ritmos
como un Quijote de luna
con armadura de lirios.
Te quiero de madrugada,
cuando la noche y el trigo
hablan de amor a la sombra
morena de los olivos;
cuando se callan los niños
y las mocitas esperan
en los balcones dormidos;
te quiero siempre: mañana,
tarde, noche... ¡por los siglos,
de los siglos! ¡Amén! Te
querré constante y sumiso,
y cuando ya me haya muerto
antes que llegue tu olvido,
por la savia de un ciprés
subiré delgado y lírico,
hecho solamente voz
para decirte en un grito:
¡Te quiero! ¡Te quiero muerto
igual que te quise vivo!

Voz: Luis Lema Osores
®L3mOs